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CERÁMICA JAPONESA

He realizado durante este año otro bol o taza para el té japonés con la técnica de rakú y os lo muestro en foto. También unos boles con inspiración oriental que mi familia y yo estamos usando para el desayuno.

La pintura sumí-e es espiritual y la cerámica terrestre. Una combinación complementaria y necesaria para mi desarrollo personal y practicar el Arte con inspiración oriental.

Os muestro mis boles japoneses,

Gracias por visitarme. Hasta pronto!!

RAKÚ, cerámica japonesa en tazas para el té

PRIMERA EXPERIENCIA CON LA CERÁMICA RAKÚ

Os muestro mis primeras tazas realizadas con la técnica del Rakú. Si tenéis oportunidad de realizarlas, merece la pena. Conviven los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire para formar una pieza única donde poder expresarnos con un mínimo de control para dejar que la materia opere a su albedrío. Siempre te puede sorprender.

Después de las fotos, tenéis la explicación teórica sacada de wikipedia para conocer un poquito más.

primeros cuencos

cerámica rakú

rakú (4)

mis primeros cuencos

mis primeros cuencos

la flor del ciruelo

la flor del ciruelo

Raku

Una vasija negra chawan estilo raku utilizada para té grueso (Museo Nacional de Tokio).

El raku-yaki (楽焼) es una técnica tradicional oriental de elaboración de cerámica utilitaria. Se cree que es originaria de Corea, sin embargo es en Japón donde ha florecido y encantado a todos los que tienen contacto con ella. Desde finales del siglo XVI el rakú atrajo a los maestros del té, influidos por la filosofía budista zen, quienes sintieron un placer singular en este retorno consciente al directo y primitivo tratamiento de la arcilla. Durante la ceremonia del té los participantes bebían la infusión en vasijas fabricadas por ellos mismos. El kanji (ideograma, equivalente a palabra) raku significa tranquilidad, pero también “diversión” o “felicidad”.

Proceso del Raku

Las piezas se llevan a un horno pequeño a 900 grados centígrados aprox. (Depende del esmalte o lustre utilizado, hay de temperaturas menores y otros para mayores de 1000 grados). Cuando los esmaltes alcanzan su punto de cocimiento se sacan, en estado de incandescencia y se depositan cuidadosamente, con la ayuda de pinzas de hierro, en un recipiente lleno de viruta de madera (también se pueden usar hojas de diario u hojas secas de árbol). El contacto con este medio incendia la viruta, las hojas o el papel y se genera una enorme cantidad de humo que penetra en la pieza y entra a ser parte de ella. Los esmaltes (óxidos) con que han sido pintadas las piezas proporcionan una parte del oxígeno para esta combustión, convirtiéndose (reduciéndose) así en metal puro, lo cual le da la apariencia característica a esta cerámica. Luego de varios minutos, el proceso químico se fija bajando bruscamente la temperatura con agua. Se obtienen al final tonalidades, texturas, matices y colores fascinantes y nunca iguales de una pieza a otra, que pueden ser desde rojos metalizados hasta craquelados, nacarados y tornasoles característicos de esta técnica.

El Raku es, pues, una compleja alquimia donde intervienen los cuatro elementos (tierra, fuego, agua y aire) de la cual resultan piezas únicas, siempre maravillosas.

Como no es nada extraño que en el proceso, siempre manual, se rompa alguna pieza, por sus tensiones internas al colocarlo al calor, o al cambiar de temperatura, el ceramista de Rakú no se aflije por esto, sino recoge la piezas con cuidado y repara la pieza hasta ponerla en condición de utilizarse con sus cicatrices a la vista. Los alfareros antiguos del Japón resaltaban estas cicatrices al soldar con metales preciosos la pieza y en muchos casos le daban más valor a una obra así obtenida.